La financiación en riesgo pone en jaque la lucha global contra el VIH

En las últimas décadas, la respuesta internacional frente al VIH ha logrado transformar una epidemia devastadora en una enfermedad crónica controlable para millones de personas. Los avances en diagnóstico temprano, el acceso a tratamientos eficaces y el desarrollo de estrategias preventivas han acercado al mundo al objetivo de acabar con el sida como amenaza para la salud pública antes de 2030. Sin embargo, este horizonte se enfrenta hoy a un obstáculo que nada tiene que ver con la ciencia.

Tal y como recoge el análisis publicado por eresvihda.es, la reducción de la financiación internacional anunciada por Estados Unidos ha generado una fuerte inquietud entre organizaciones sanitarias y sociales. Estos recortes afectan de manera directa a los países con sistemas de salud más vulnerables, donde el impacto ya se traduce en programas interrumpidos, centros sanitarios con recursos limitados y dificultades para garantizar la continuidad de los tratamientos.

Desde ONUSIDA se advierte de que la lucha contra el VIH atraviesa un momento decisivo. Para su directora ejecutiva, Winnie Byanyima, el problema no es la falta de herramientas médicas, sino la fragilidad del compromiso político. La retirada de fondos, señala, puede deshacer en pocos años avances que han costado décadas de trabajo y cooperación internacional.

Los datos recientes muestran un progreso innegable, pero también revelan límites preocupantes. Desde 2010, las nuevas infecciones y las muertes relacionadas con el sida se han reducido de forma significativa, especialmente en África subsahariana, donde el acceso a la terapia antirretroviral ha contribuido a aumentar la esperanza de vida. Aun así, el número anual de nuevos diagnósticos se mantiene estancado, lejos de las metas fijadas a nivel internacional.

En 2024, más de un millón de personas contrajeron el VIH en todo el mundo y cientos de miles fallecieron por causas relacionadas con el sida, cifras difíciles de justificar en un contexto en el que los tratamientos son eficaces y, en muchos casos, de bajo coste. Aunque algunos países han logrado cumplir los objetivos de control del virus conocidos como 95–95–95, amplias regiones siguen sin alcanzar estos estándares, especialmente en Europa del Este, Asia Central y Oriente Medio.

A escala global, decenas de millones de personas viven con VIH y una gran mayoría recibe tratamiento, lo que ha convertido esta respuesta sanitaria en uno de los mayores logros de la salud pública contemporánea. Sin embargo, millones de personas siguen sin acceso a la atención necesaria, concentrándose el mayor déficit en África subsahariana y Asia-Pacífico, regiones que dependen en gran medida de la cooperación internacional.

El mensaje que lanzan las organizaciones especializadas es claro: el fin del sida es posible, pero no inevitable. Sin una financiación estable y sostenida, los avances podrían estancarse o incluso revertirse. Como subraya eresvihda.es, el desafío actual no es descubrir nuevas soluciones médicas, sino garantizar que las ya existentes lleguen a todas las personas que las necesitan. La decisión, ahora, es política.

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