28 de septiembre: decidir sobre nuestro cuerpo también es un derecho

El Día de los Derechos Sexuales y Reproductivos vuelve a poner sobre la mesa cuestiones tan básicas como la autonomía corporal, el consentimiento, el acceso a la salud, la educación sexual y el derecho a vivir la sexualidad sin violencia ni discriminación

Hablar de derechos sexuales y reproductivos es hablar de nuestra vida cotidiana. De poder decidir sobre nuestro cuerpo, de recibir información fiable, de acceder a una atención sanitaria adecuada y de vivir la sexualidad con libertad, seguridad y respeto.

Cada 28 de septiembre, organizaciones de numerosos países aprovechan esta fecha para recordar que estas cuestiones forman parte de los derechos humanos. La jornada está históricamente vinculada al movimiento por el aborto legal y seguro, especialmente en América Latina y el Caribe, aunque con los años la conversación se ha ampliado para abordar el conjunto de derechos relacionados con la sexualidad, la reproducción y la autonomía corporal. Y esta conversación también afecta de lleno a las personas LGTBIQ+.

La salud sexual va mucho más allá de evitar enfermedades

Durante mucho tiempo, hablar de salud sexual significaba casi exclusivamente hablar de embarazos o de infecciones de transmisión sexual. Hoy sabemos que el concepto es mucho más amplio. La salud sexual tiene que ver también con el consentimiento, el bienestar, el placer, las relaciones afectivas, la información, la prevención y la posibilidad de tomar decisiones libres sobre la propia vida.

La Organización Mundial de la Salud incluye dentro de la salud sexual y reproductiva cuestiones como el acceso a métodos anticonceptivos, la prevención y tratamiento de las infecciones de transmisión sexual, la atención durante el embarazo, la fertilidad, la educación sexual y la protección frente a la violencia sexual. Pero detrás de todos estos conceptos hay algo mucho más sencillo: que ninguna persona debería tener que sentir miedo, vergüenza o discriminación cuando necesita cuidar de su salud sexual.

También es una cuestión LGTBIQ+

Las necesidades relacionadas con la salud sexual y reproductiva no son iguales para todo el mundo. Las personas lesbianas, gais, bisexuales, trans, intersexuales y de otras realidades de la diversidad sexual y de género pueden encontrarse con barreras específicas cuando acuden a los servicios sanitarios: desde formularios que solo contemplan determinados modelos familiares hasta profesionales que desconocen algunas de sus necesidades o situaciones directamente discriminatorias.

En este sentido, entidades como Cesida han advertido de que la LGTBIfobia continúa siendo una barrera para acceder a la atención sanitaria y a los recursos de prevención, especialmente para las personas que viven con VIH o se encuentran en situaciones de mayor vulnerabilidad.

Garantizar los derechos sexuales significa, por tanto, que una mujer lesbiana pueda acudir a una consulta sin que se presuponga que su pareja es un hombre. Que una persona trans reciba una atención sanitaria respetuosa. Que una persona bisexual no vea cuestionada su orientación. O que las personas intersex no sean sometidas a intervenciones médicas innecesarias sin su consentimiento.

Precisamente, la Federación Estatal LGTBI+ ha dedicado 2026 a reivindicar los derechos de las personas intersex y a reclamar una atención sanitaria basada en la autonomía corporal y alejada de la patologización.

Decidir si queremos tener hijos. Y también si no queremos

Los derechos reproductivos parten de una idea aparentemente sencilla: cada persona debe poder decidir si quiere tener hijos, cuándo y en qué circunstancias. Eso implica poder acceder a anticonceptivos, recibir atención durante el embarazo, contar con información sobre fertilidad o reproducción asistida y disponer de una atención sanitaria segura cuando se decide interrumpir un embarazo dentro del marco legal correspondiente.

El 28 de septiembre tiene precisamente su origen en las movilizaciones feministas latinoamericanas y caribeñas por el acceso al aborto legal y seguro. Con el paso del tiempo, la fecha se convirtió en una jornada internacional de reivindicación de la autonomía reproductiva. Pero la realidad reproductiva también es diversa. Hay parejas de mujeres que recurren a técnicas de reproducción asistida, hombres trans que pueden gestar, familias homoparentales y personas LGTBI+ que desean formar una familia por diferentes vías.

Reconocer esa diversidad significa dejar atrás la idea de que existe una única forma de vivir la maternidad, la paternidad o la reproducción.

Educación sexual para poder decidir

Difícilmente puede hablarse de libertad cuando falta información. La educación sexual permite conocer el propio cuerpo, entender qué significa el consentimiento, aprender a prevenir infecciones de transmisión sexual y embarazos no planificados y construir relaciones más saludables. También puede ayudar a desmontar prejuicios sobre orientación sexual, identidad de género y diversidad corporal.

No se trata únicamente de explicar anatomía. Una educación sexual integral debería proporcionar herramientas para reconocer relaciones abusivas, establecer límites, respetar los límites de otras personas y comprender que la diversidad forma parte de la realidad.

Para adolescentes y jóvenes LGTBIQ+, además, encontrar información en la que puedan verse reflejados resulta especialmente importante. Cuando todo el contenido educativo parte exclusivamente de relaciones heterosexuales y cisgénero, muchas preguntas quedan fuera.

Consentimiento, autonomía y placer

Los derechos sexuales tampoco terminan en la consulta médica. Incluyen la posibilidad de decidir con quién queremos relacionarnos, qué prácticas deseamos mantener y cuáles no, cuándo queremos mantener relaciones sexuales y cuándo queremos parar.

El consentimiento debe estar presente siempre y puede retirarse en cualquier momento. No depende de que exista una pareja estable, de que haya habido relaciones anteriormente o de cómo vista o se comporte una persona. Y hablar de sexualidad también significa poder hablar de placer.

Durante décadas, buena parte de los discursos sobre sexo se construyeron alrededor del riesgo, la culpa y la enfermedad. Una visión positiva de la salud sexual incorpora también el bienestar y el derecho a disfrutar de relaciones consensuadas y respetuosas.

Derechos que no deberían depender de quién eres

Las desigualdades sociales también atraviesan la salud sexual y reproductiva. Una persona migrante, una persona con discapacidad, alguien que vive en un entorno rural o una persona LGTBI+ puede encontrarse con obstáculos adicionales para obtener información o acceder a determinados servicios.

Por eso, garantizar estos derechos no consiste únicamente en reconocerlos sobre el papel. También implica que puedan ejercerse de manera efectiva y en condiciones de igualdad.

El derecho a vivir nuestra propia vida

El 28 de septiembre sirve para recordar algo que, en realidad, debería estar presente durante todo el año.

Que nuestra orientación sexual no debería condicionar la atención sanitaria que recibimos. Que nuestra identidad de género no debería convertirse en un obstáculo. Que ninguna persona debería ser presionada para mantener relaciones sexuales, continuar un embarazo o formar una familia de una determinada manera.

Los derechos sexuales y reproductivos hablan de salud, pero también de libertad, intimidad, dignidad y autonomía. Porque poder decidir sobre nuestro propio cuerpo no es un privilegio. Es una parte esencial del derecho de cada persona a vivir su vida conforme a quien es.

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