Dolly Parton, el brillo que también fue refugio: muere una aliada histórica del colectivo LGTBIQ+

La estrella del country fallece a los 80 años dejando un legado que va mucho más allá de “Jolene” o “I Will Always Love You”: durante décadas defendió a sus seguidores LGTBIQ+, el matrimonio igualitario, las personas trans y la libertad de ser quien cada cual es.

Dolly Parton, una de las figuras más reconocibles e influyentes de la música estadounidense, ha fallecido a los 80 años en Nashville, Tennessee. La artista murió este martes 25 de agosto en el Vanderbilt-Ingram Cancer Center tras una breve lucha contra el cáncer, según confirmó su equipo. Con su muerte desaparece una de las grandes voces del country y una compositora capaz de trascender las fronteras del género con canciones como Jolene, Coat of Many Colors, 9 to 5 o I Will Always Love You, pero también una figura especialmente querida por el colectivo LGTBIQ+, al que mostró su apoyo de forma continuada a lo largo de su carrera.

Nacida el 19 de enero de 1946 en una familia numerosa de Tennessee, Parton creció en un entorno rural y profundamente religioso. Esa procedencia permaneció siempre vinculada a su identidad pública y a buena parte de su repertorio, aunque nunca impidió que mantuviera posiciones abiertas respecto a la diversidad sexual y de género. Su relación con el colectivo fue desarrollándose con naturalidad y sin grandes proclamas políticas, desde una idea que repitió en distintas entrevistas: el respeto a la vida de los demás y el rechazo a utilizar la religión como instrumento para juzgar a otras personas.

La artista habló públicamente de la presencia de personas gais y lesbianas dentro de su propia familia y explicó que había intentado acompañarlas para que pudieran vivir su orientación sexual sin ocultarse. En una entrevista concedida en 2016 recordó que algunas habían atravesado momentos difíciles antes de poder mostrarse abiertamente y defendió que nadie debería verse obligado a vivir escondiendo una parte esencial de su identidad.

Una relación de décadas con el colectivo LGTBIQ+

El apoyo de Parton al colectivo fue especialmente significativo por el lugar que ocupaba dentro de la cultura estadounidense. Convertida desde los años setenta en una de las grandes estrellas del country, construyó buena parte de su carrera desde Tennessee y mantuvo una fuerte conexión con el sur de Estados Unidos, un territorio donde los avances en derechos LGTBIQ+ han convivido históricamente con importantes resistencias sociales y políticas.

Ya en 2009 se pronunció públicamente a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo, varios años antes de que el Tribunal Supremo estadounidense reconociera este derecho en todo el país. Lo hizo con el sentido del humor que caracterizaba muchas de sus intervenciones públicas, pero sin dejar dudas sobre su posición: las parejas homosexuales debían tener el mismo derecho a casarse que las heterosexuales.

También mostró su rechazo a las medidas dirigidas contra las personas trans. En 2016, durante la polémica provocada por la conocida como bathroom bill de Carolina del Norte, que restringía el uso de determinados baños públicos en función del sexo registrado al nacer, Parton defendió que todas las personas debían recibir respeto y tener la oportunidad de vivir de acuerdo con quienes eran. A diferencia de otros artistas que cancelaron actuaciones en el estado como protesta, ella mantuvo sus conciertos, aunque hizo pública su oposición a la medida.

Su apoyo tampoco quedó limitado a declaraciones realizadas cuando los derechos LGTBIQ+ ocupaban el centro del debate político. La comunidad formaba parte desde mucho antes de su público, de su entorno profesional y de la manera en la que entendía la familia. Esa continuidad permite explicar por qué su figura llegó a adquirir un significado particular para varias generaciones de personas LGTBIQ+, especialmente dentro de un género musical que durante décadas ofreció pocos referentes abiertamente diversos.

Del country a la cultura queer

A esa relación contribuyó también una imagen que Parton convirtió en una de las más reconocibles de la cultura popular. Las grandes pelucas rubias, el maquillaje intenso, los vestidos de pedrería, los tacones y una feminidad deliberadamente exagerada formaron parte de un personaje escénico que la cantante construyó desde los primeros años de su carrera y sobre el que nunca dejó de bromear.

Su estética encontró pronto un espacio propio dentro de la cultura drag. Parton conocía las imitaciones que numerosas artistas hacían de ella y hablaba de ellas con complicidad, lejos de cualquier incomodidad ante la apropiación de su imagen por parte de las comunidades queer. Una de las anécdotas que relató en distintas ocasiones resume bien esa relación: acudió de incógnito a un concurso de imitadoras de Dolly Parton en Los Ángeles, en el que participaban varias drag queens. Exageró todavía más su maquillaje y su aspecto para intentar pasar desapercibida y terminó perdiendo el concurso.

El episodio alimentó una conexión que iba más allá de una coincidencia estética. La imagen pública de Parton estaba construida desde la exageración, pero nunca desde la ingenuidad. La artista controlaba cuidadosamente su personaje, era la primera en bromear sobre él y convirtió en una seña de identidad aquello que durante años había servido para cuestionar su aspecto, su origen social o su forma de entender la feminidad. Esa capacidad para apropiarse de su propia diferencia explica en parte la identificación que despertó dentro de espacios culturales tradicionalmente vinculados a la disidencia sexual y de género.

Travelin’ Thru y la visibilidad trans

Uno de los momentos más claros de ese vínculo llegó en 2005 con Travelin’ Thru, la canción que Parton escribió e interpretó para Transamerica, película dirigida por Duncan Tucker y protagonizada por Felicity Huffman. El filme narraba el viaje de Bree, una mujer trans que atraviesa Estados Unidos poco antes de someterse a una cirugía de reasignación de sexo.

La canción abordaba la búsqueda de la identidad desde una perspectiva ligada al viaje y a la necesidad de encontrar un lugar propio. Travelin’ Thru fue nominada al Óscar a mejor canción original y llevó el nombre de una de las mayores estrellas del country hasta una película que situaba una experiencia trans en el centro de su historia, en una época en la que esa representación seguía siendo muy limitada dentro del cine comercial estadounidense.

Años después, Parton volvió a incorporar una historia LGTBIQ+ a uno de sus proyectos audiovisuales. La serie de Netflix Dolly Parton’s Heartstrings, estrenada en 2019 e inspirada en diferentes canciones de su repertorio, incluyó en el episodio Two Doors Down la historia de una pareja formada por dos hombres y el conflicto familiar provocado por la homofobia. El capítulo obtuvo en 2020 el GLAAD Media Award al mejor episodio individual.

Estos trabajos convivieron con una carrera en la que Parton evitó generalmente entrar en la confrontación partidista. La cantante fue especialmente cautelosa a la hora de apoyar candidatos o identificarse con posiciones políticas concretas, una decisión que le permitió mantener durante décadas un público extraordinariamente amplio. Sin embargo, esa prudencia no significó silencio cuando se trataba de determinadas cuestiones relacionadas con la igualdad, el racismo o los derechos de las personas LGTBIQ+.

Un legado que supera la música

Dolly Parton deja tras de sí una trayectoria de casi seis décadas en la música, el cine y la televisión, además de una importante labor filantrópica. Su proyecto Imagination Library, creado en 1995 para fomentar la lectura durante la infancia, ha distribuido cientos de millones de libros, mientras que sus aportaciones económicas alcanzaron ámbitos como la atención sanitaria, la recuperación de las comunidades afectadas por los incendios de Tennessee o la investigación que contribuyó al desarrollo de la vacuna de Moderna contra la COVID-19.

Su legado dentro del colectivo LGTBIQ+ se construyó de otra manera, a través de una relación prolongada con su público, de sus declaraciones sobre la igualdad y de una forma de entender la diferencia que resultaba difícil separar de su propia personalidad. Parton fue una mujer cristiana criada en el Tennessee rural, una institución de la música country y, al mismo tiempo, una artista celebrada en escenarios, bares y espacios queer de distintas generaciones.

Esa convivencia entre mundos que a menudo se presentan como incompatibles fue una de las particularidades de su figura pública. Dolly Parton nunca necesitó abandonar sus raíces, su fe o su identidad para defender que otras personas pudieran vivir las suyas con libertad. En una industria y en un contexto social que durante buena parte de su carrera ofrecieron pocos espacios de representación al colectivo, convirtió el respeto y la aceptación en una posición constante.

Con su fallecimiento desaparece una de las artistas fundamentales de la cultura popular estadounidense y una figura cuya influencia difícilmente puede reducirse a sus discos, sus películas o sus numerosos reconocimientos. Para una parte importante del colectivo LGTBIQ+, queda además el recuerdo de una artista que recibió el cariño de la comunidad y supo corresponderlo durante décadas.

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