Un Altre Home, la crisis de los treinta en un mundo donde la estabilidad asfixia

Hay momentos en los que el orden y la estabilidad empiezan a asfixiar. Esa sensación es el motor de Un altre home, el segundo largometraje de David Moragas, que tras su reciente paso por la Sección Oficial del Festival de Málaga, se prepara para inaugurar el D’A Film Festival el próximo 19 de marzo. La película, que ya ha estrenado tráiler y cartel oficial, llegará a los cines de la mano de Filmax el 27 de marzo.

A través de una historia de amor contemporánea con tintes de comedia, Moragas nos sitúa en la crisis de los treinta, ese punto de inflexión donde las expectativas chocan con la realidad cotidiana.

El fin de la calma

La trama sigue a Marc (Lluís Marquès) y Eudald (Quim Àvila), una pareja estable cuya vida aparentemente ordenada salta por los aires con la llegada de un nuevo vecino al piso de enfrente. Lo que parece un cambio insignificante se convierte en el detonante de un tsunami emocional para Marc, quien empieza a cuestionar su propio inconformismo frente a los esfuerzos de Eudald por fortalecer la relación.

Acompañados por la ganadora del Goya Bruna Cusí, el trío protagonista navega por una fábula sobre el miedo a elegir y la dificultad de encontrar la libertad dentro de lo rutinario.

Entre Barcelona y Nueva York

David Moragas (Almoster, 1993) debutó en el largometraje con A Stormy Night (2020) y es autor del cortometraje Demà ho deixem (2022), nominado al Premio Gaudí. Formado entre la Universitat Pompeu Fabra y la NYU Tisch School of the Arts, su trabajo se ha situado desde el principio en el ámbito de las coproducciones internacionales de vocación artística.

Un altre home es una coproducción entre la española Oberon Media, la mexicana Monstro Films y 3Cat. Para Moragas, el proyecto supone una consolidación del estilo. «Me interesaba contar una historia íntima sobre un hombre que se siente atrapado en una vida que, desde fuera, parece perfecta», explica el director.

El peso de una vida que otros envidiarían

Uno de los ejes del film es la paradoja de la insatisfacción en contextos de aparente bienestar, un terreno que Moragas aborda específicamente desde de una generación que llegó a la treintena con el guión de vida ya escrito y descubrió que no era el suyo.

Visualmente, la película apuesta por una fotografía que convierte el entorno cotidiano de la pareja en una metáfora del estancamiento. Según el director, la intención era mostrar cómo «la belleza también puede ser opresiva», usando la luz y los silencios para construir esa sensación de encierro en lo que debería ser un refugio.

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