La homofobia sigue presente en los campos de fútbol, pese a los avances sociales y legales en materia de derechos LGTBIAQ+. Así lo evidenció anoche el jugador del Real Betis, Aitor Ruibal, que se vio obligado a interrumpir una entrevista en directo tras recibir un comentario homófobo desde la grada.
El episodio ocurrió al término del partido entre Rayo Vallecano y Betis, mientras el futbolista atendía a la periodista Mónica Marchante. En mitad de la conversación, un aficionado le gritó: “Ruibal, píntate las uñas”, una expresión cargada de connotaciones despectivas que el jugador trató inicialmente de ignorar. Sin embargo, segundos después respondió visiblemente afectado con un “vale, homófobo”.
Lo más revelador llegó a continuación, cuando Ruibal restó importancia al incidente con una frase que refleja la normalización de este tipo de ataques: “Da igual, esto me pasa todos los partidos”. Un comentario que, lejos de cerrar el episodio, subraya hasta qué punto este tipo de comportamientos siguen siendo habituales en el fútbol profesional.
No es la primera vez que el jugador bético se ve obligado a posicionarse públicamente frente a este tipo de actitudes. En ocasiones anteriores ya había tenido que aclarar que “no soy gay, pero si lo fuese no pasaría nada”, tras preguntas y comentarios surgidos en espacios deportivos. Sus palabras evidencian que tanto la homosexualidad como cualquier expresión que se salga de los códigos tradicionales de masculinidad continúan siendo cuestionadas en el entorno futbolístico.
Ruibal ha manifestado en otras ocasiones su voluntad de contribuir a un cambio cultural en el deporte, destacando la importancia de referentes visibles. “Ver a niños pequeños que también se pintan las uñas y no tienen miedo a sufrir bullying es algo que impacta”, afirmó en una entrevista pasada.
El incidente vuelve a reabrir el debate sobre los límites del comportamiento en los estadios y la necesidad de reforzar medidas contra la discriminación. Mientras el fútbol aspira a ser un espacio de convivencia y respeto, episodios como el vivido anoche plantean una pregunta recurrente: ¿hasta cuándo seguirán los campos siendo lugares donde el insulto y el odio encuentran impunidad?







