El sistema analizará Instagram, TikTok, X, YouTube y Facebook para comparar la presencia y amplificación de los discursos de odio y la polarización en un entorno digital donde los colectivos vulnerables continúan siendo uno de sus principales objetivos
¿Cuánto odio circula realmente por nuestras redes sociales? ¿En qué plataformas tiene mayor presencia? ¿Y cuáles contribuyen más a amplificarlo? Son algunas de las preguntas que el Gobierno de España pretende responder con HODIO, la Huella del Odio y la Polarización, una herramienta desarrollada por el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones a través del Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia (OBERAXE).
HODIO analizará contenido público de las cinco grandes plataformas incluidas en el sistema (Instagram, TikTok, X, YouTube y Facebook) y elaborará periódicamente un ranking que permitirá comparar el grado de exposición al discurso de odio entre ellas.
La iniciativa fue presentada el pasado 11 de marzo durante el primer Foro Contra el Odio. Según el Ministerio, el objetivo es hacer visible un fenómeno que en muchas ocasiones se diluye entre millones de publicaciones, comentarios, vídeos y conversaciones digitales y disponer de indicadores que permitan observar cómo evoluciona.
Inteligencia artificial, datos y revisión humana
HODIO no se limitará a contar mensajes ofensivos. Su metodología combina análisis cuantitativo, modelos de inteligencia artificial y revisión humana experta. El sistema estudiará especialmente dos variables: la prevalencia del discurso de odio y la capacidad de amplificación que alcanza ese contenido dentro de cada plataforma.
La clasificación, según explica OBERAXE, se apoyará en criterios académicos y estándares internacionales y los mensajes identificados automáticamente como potencialmente ofensivos o polarizantes serán sometidos también a revisión experta.
El Gobierno anunció además que los resultados se harán públicos mediante informes semestrales que permitirán comparar las diferentes redes y comprobar su evolución en el tiempo.
A fecha de hoy, sin embargo, la página oficial de HODIO todavía no muestra ese primer ranking público: recoge el funcionamiento, los objetivos y la metodología de la herramienta, pero no una clasificación con resultados por plataforma.
El odio digital ya se está midiendo
HODIO parte de una experiencia previa. Desde 2020, OBERAXE realiza una monitorización diaria del discurso de odio en las redes sociales y actualmente utiliza FARO (Filtrado y Análisis de Odio en las Redes Sociales), un sistema basado también en inteligencia artificial que rastrea contenidos en español de carácter racista, xenófobo, islamófobo, antisemita y antigitano.
Conviene, por tanto, diferenciar las dos herramientas: FARO ya genera los datos periódicos que publica OBERAXE, mientras HODIO pretende construir un indicador comparativo más amplio sobre la huella del odio y la polarización en cada plataforma.
Y las cifras conocidas hasta ahora ayudan a dimensionar el problema. Durante el Mundial de fútbol de 2026, celebrado entre junio y julio, OBERAXE detectó 54.771 contenidos de discurso de odio y narrativas discriminatorias. Un 52% de los mensajes racistas y xenófobos registrados durante ese periodo estaban relacionados con el ámbito deportivo.
El Observatorio señaló especialmente los ataques racistas e islamófobos dirigidos contra Lamine Yamal, con comentarios que llegaron a cuestionar su condición de español y su pertenencia a la selección nacional por su origen familiar o su religión.
Los datos mensuales también muestran la persistencia del fenómeno. En marzo, FARO detectó 32.941 mensajes racistas y xenófobos, mientras que en abril la cifra ascendió a 39.559. En mayo se identificaron nuevamente más de 31.000 contenidos de odio.
Cuando la diversidad se convierte en objetivo
Los informes de OBERAXE muestran de forma reiterada cómo determinados colectivos son convertidos en objetivo de narrativas discriminatorias por su origen, religión o pertenencia étnica. En junio, por ejemplo, las personas de origen norteafricano aparecían como uno de los principales grupos afectados por el contenido detectado por el Observatorio.
El problema tampoco se limita a insultos explícitos. OBERAXE ha detectado contenidos que deshumanizan a determinados colectivos, los presentan como una amenaza o reclaman su expulsión. El Observatorio también advierte de que el odio puede circular camuflado detrás de memes, bromas, vídeos virales, códigos visuales o comentarios aparentemente irónicos, dificultando tanto su identificación como su moderación.
Es precisamente en este terreno donde medir importa: conocer no solo cuántos mensajes existen, sino qué alcance consiguen, qué colectivos reciben los ataques y hasta qué punto los algoritmos contribuyen a convertir un comentario discriminatorio en contenido viral.
Medir no resuelve todo el problema
HODIO plantea también interrogantes. La propia definición oficial establece que trabaja sobre contenido público, por lo que quedan fuera de su observación directa buena parte de las agresiones, amenazas y situaciones de acoso que se producen mediante mensajes privados o espacios cerrados.
Especialistas consultados tras la presentación de la herramienta también han señalado este límite: una parte significativa del acoso digital se desplaza precisamente a mensajes privados y canales que un sistema de monitorización de contenido público no puede observar.
A ello se suma un debate imprescindible cuando se habla de monitorizar conversaciones en internet: cómo distinguir entre una expresión ofensiva, un discurso discriminatorio y contenidos que pueden tener relevancia jurídica, sin erosionar la libertad de expresión.
OBERAXE sostiene que HODIO recurrirá a estándares internacionales, criterios académicos y supervisión humana precisamente para evitar que la clasificación dependa exclusivamente de una decisión algorítmica.
La prueba decisiva llegará con la publicación de sus primeros resultados. Entonces podrá comprobarse qué mide exactamente HODIO, con qué criterios compara las plataformas y, sobre todo, si convertir el odio digital en datos contribuye también a que las redes sean espacios más seguros para todas las personas.
Porque medir el odio puede ser el primer paso. El desafío real será conseguir que la diversidad deje de convertirse en una diana cada vez que alguien abre una red social.







