Las voces que hicieron de Puerto de la Cruz un oasis de libertad

Francisco J. Albertos Díaz y Denis Solovev recuperan las historias de quienes hicieron de esta ciudad tinerfeña un refugio de libertad, diversidad y vanguardia entre los años setenta y noventa

Hubo un tiempo en el que entrar en un bar, bailar, subir a un escenario o caminar por la calle siendo una misma podía convertirse en un acto de valentía. También hubo lugares donde, pese al miedo y los prejuicios, comenzaron a abrirse pequeñas grietas de libertad.

Puerto de la Cruz fue uno de esos lugares.

A finales de los años setenta, mientras España atravesaba una profunda transformación política y social, esta ciudad del norte de Tenerife empezó a convertirse en un espacio de encuentro para la comunidad LGTBIQ+. El turismo internacional, la apertura de nuevos locales nocturnos y la iniciativa de empresarios y artistas contribuyeron a crear una escena diversa que todavía permanece en la memoria de quienes la vivieron.

Esa historia es la que Francisco J. Albertos Díaz y Denis Solovev han decidido preservar en dos publicaciones: Nosotros también éramos Puerto de la Cruz y Y nosotros también éramos Puerto de la Cruz.

No son únicamente libros sobre bares, espectáculos o noches de fiesta. Son, sobre todo, un reconocimiento a las personas que construyeron comunidad cuando apenas existían referentes y mostrarse abiertamente podía tener consecuencias personales, familiares y laborales.

Cuando Puerto de la Cruz se convirtió en un refugio

En pleno auge turístico comenzaron a abrir establecimientos cuya clientela era mayoritariamente homosexual, aunque inicialmente no se presentaran de manera explícita como locales de ambiente. Tras la despenalización de la homosexualidad, aparecieron negocios dirigidos específicamente a este público.

Puerto de la Cruz fue pionero en Canarias. Su intensa vida nocturna reunió a habitantes de la isla, visitantes de la Península y turistas extranjeros, creando un núcleo donde las personas LGTBIQ+ comenzaron a adquirir una visibilidad que no encontraban fácilmente en otros espacios.

En torno a establecimientos como Lepanto, Despanto, Anderson, Vampi’s, Jim’s, Why Not, Picasso, Chaplin o Mylord se formó una comunidad que convirtió la noche en un territorio de reconocimiento y libertad.

El primer libro recuerda que Puerto de la Cruz llegó a situarse entre los destinos europeos de referencia para el público gay, junto con Sitges, Ibiza o Torremolinos. Los espectáculos transgresores y de transformismo aportaron, además, una identidad de modernidad y vanguardia a la ciudad.

Los escenarios ofrecieron un espacio para artistas que rompían con las normas de género y desafiaban públicamente una moral todavía restrictiva. Al mismo tiempo, determinados personajes se convirtieron en auténticos iconos portuenses por mostrarse abiertamente y ocupar las calles sin renunciar a quienes eran.

Un homenaje a quienes se mostraron tal y como eran

Nosotros también éramos Puerto de la Cruz nació de la necesidad de dejar constancia de una comunidad que creció al calor del turismo, el ocio nocturno y una nueva manera de pensar. Sus protagonistas son los empresarios que arriesgaron al invertir en espacios dirigidos al colectivo, las estrellas de los espectáculos y aquellas personas cuya personalidad y presencia pasaron a formar parte de la memoria colectiva de la ciudad.

La obra no pretende ofrecer un estudio académico exhaustivo. Su fuerza está en los recuerdos, las vivencias y las experiencias de personas concretas: algunas continúan contando su historia y otras ya no están, pero permanecen en la memoria de quienes compartieron aquella época.

Los autores presentan el proyecto como un homenaje a quienes pudieron mostrarse como eran y a una ciudad que, con todas sus contradicciones, llegó a actuar como cómplice y confidente. El carácter abierto de parte de la población local y la llegada de turistas con otros referentes culturales ayudaron a consolidar un ambiente que permitió respirar a muchas personas.

“En los años ochenta, el Puerto tenía un ambientazo increíble”, recuerda uno de los testimonios. “Las extranjeras y extranjeros traían sus mentes libres; la gente del Puerto ya era bastante abierta, pero esas vivencias contribuyeron aún más a esa apertura social”.

El primer volumen fue presentado el 1 de julio de 2022 en la Sala Andrómeda del Lago Martiánez. Su elaboración contó con el apoyo del Gobierno de Canarias y su presentación con la colaboración del Ayuntamiento de Puerto de la Cruz.

Doce voces contra el olvido

La respuesta recibida por la primera publicación animó a Albertos y Solovev a ampliar el proyecto. Así nació Y nosotros también éramos Puerto de la Cruz, una segunda parte que incorpora doce testimonios íntimos e inéditos.

Artistas drag y transformistas, camareros, mujeres trans, clientes habituales y personas vinculadas a establecimientos emblemáticos reconstruyen una época atravesada simultáneamente por la alegría, la clandestinidad, la fiesta y el miedo. El proyecto responde a una urgencia: quienes protagonizaron aquellos años envejecen, muchos de los locales han desaparecido y los testimonios orales corren el riesgo de perderse sin dejar un registro documental.

El libro recupera las experiencias de doce personas que participaron en la construcción espontánea de una comunidad LGTBIQ+ entre las décadas de 1970 y 1990, cuando vivir abiertamente la identidad o la orientación sexual podía tener un coste social muy elevado. Cada relato está acompañado por fotografías procedentes de los archivos privados de sus protagonistas. Imágenes personales, recuerdos y documentos familiares ponen rostro a una historia que durante mucho tiempo quedó fuera de los relatos oficiales.

Entre las voces aparecen perfiles diferentes: artistas transformistas, mujeres trans, clientes de los locales, trabajadores de la noche y también personas heterosexuales que estuvieron profundamente vinculadas a la comunidad. El resultado es un retrato coral, afectivo y complejo de una ciudad que estaba haciendo historia sin ser plenamente consciente de ello.

La fiesta también podía esconder miedo

La memoria recuperada por los autores no idealiza aquellos años. La libertad que se respiraba dentro de determinados locales convivía con el rechazo, la vigilancia policial y la discriminación cotidiana.

Uno de los relatos recuerda que algunos propietarios permitían entrar a jóvenes menores de edad, pero los escondían detrás de la barra cuando llegaba la policía. Otros testimonios describen los preparativos para salir durante el fin de semana: “repeinadas, emperifolladas, enjoyadas, como Sara Montiel y Maruja Díaz”.

Eran noches de descubrimiento y celebración, pero también espacios de protección frente a una realidad exterior que podía ser hostil. Una de las personas entrevistadas resume lo que aquella ciudad significó para toda una generación:

“En esa época no había nada de ambiente en Tenerife. Pero el Puerto era una liberación”.

Otro testimonio destaca el efecto que tuvo el turismo gay en el proceso de aceptación personal y social: ayudó a abrir puertas y permitió que muchas personas pudieran vivir su salida del armario de una manera algo más libre y feliz.

Los documentos del primer proyecto reflejan también cómo algunos bares se convirtieron en espacios seguros para mujeres heterosexuales, que podían bailar y divertirse sin el acoso que encontraban en otras discotecas. La comunidad que se formó alrededor de aquellos establecimientos fue, por tanto, más diversa que una simple clasificación de locales dirigidos a hombres homosexuales.

Una historia LGTBIQ+ alejada de los grandes centros

El trabajo de Albertos y Solovev permite descentralizar la memoria del colectivo. La historia LGTBIQ+ española no se escribió únicamente en Madrid, Barcelona o las grandes capitales. También se construyó en ciudades turísticas, barrios, islas y pequeños espacios nocturnos donde las personas comenzaron a encontrarse y reconocerse.

Puerto de la Cruz fue uno de esos núcleos. Su historia demuestra que la cultura, la fiesta y el ocio también pueden actuar como herramientas de transformación social.

La segunda publicación fue presentada el 28 de junio de 2026 en la Sala Andrómeda del Lago Martiánez. Contó con la colaboración del Cabildo de Tenerife, mediante el desarrollo de políticas públicas dirigidas al colectivo LGBTIQA+, y con el apoyo del Ayuntamiento de Puerto de la Cruz.

Preservar estos testimonios no significa únicamente mirar hacia atrás. Significa reconocer a quienes hicieron posible que otras personas pudieran vivir con mayor libertad. Significa recordar de dónde venimos para entender los derechos conquistados y defenderlos frente a cualquier retroceso.

Porque antes de que la diversidad tuviera el nombre y la presencia pública que posee hoy, ya había personas construyéndola cada noche en Puerto de la Cruz.

Y ellas también estaban allí.

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