¿Y si poder ser uno mismo ocurriera también en el pueblo? Descubre la historia de Malospelos, la novela de Dani Broncano que ha agotado su primera tirada uniendo a lectores de todas las edades a través del arte drag y el orgullo rural.


Durante años, la narrativa queer ha estado ligada a escapar y huir hacia la gran ciudad, que a veces es considerada la única promesa de libertad. Sin embargo, Malospelos viene a cuestionar ese relato. Su autor, Dani Broncano, natural de un pequeño pueblo de Badajoz, ha irrumpido en las librerías con la novela ganadora de la segunda edición del Premio Todo Mejora. Una obra impulsada por Kabo&Bero y It Gets Better España, que propone la alternativa de quedarse y brillar también en el entorno rural.
La acogida de la obra ha sido muy buena, ya que agotó su primera tirada en apenas dos semanas y obligó a lanzar una segunda impresión. Pero más allá del éxito editorial, lo verdaderamente significativo es el imaginario que construye. A través de sus páginas, un pueblo de Extremadura se convierte en el escenario de un descubrimiento personal y reconocimiento de identidad que no entiende de códigos postales.
Una alternativa a la huida
Esta propuesta nace de una convicción profunda de su autor, que sintió la urgencia de otorgar a los pueblos la importancia que merecen, mostrándolos como lugares seguros y diversos. Por esta razón, la novela se sitúa lejos de las grandes ciudades para demostrar que la aceptación también puede darse en entornos pequeños, siempre que se cuente con las personas adecuadas para labrar con ellas una red de apoyo fuerte y sostenible.
En este sentido, aunque las ciudades han sido un refugio histórico para el colectivo, Broncano plantea que si empezamos a imaginar y visibilizar pueblos diversos en la literatura, poco a poco empezaremos a hacerlos posibles en la realidad. Así, la ficción se convierte en una herramienta esencial para transformar el entorno rural.

Drag, música y comunidad
De manera paralela a esta reivindicación geográfica, el relato utiliza el brillo del drag y la música como un lenguaje de resistencia. En las páginas de la novela, estas expresiones artísticas no son simple decoración, sino el punto de encuentro donde los personajes forman comunidad, sanan heridas y generan hermandad.
Gracias al arte, jóvenes y mayores construyen un espacio libre de prejuicios donde pueden reafirmar su identidad. El drag aparece aquí como una herramienta de transformación y pedagogía emocional, funcionando como un puente necesario entre quienes crecieron sin referentes y quienes hoy pueden vivir su realidad con mayor visibilidad.
El espejo de la evolución
Uno de los grandes aciertos de Malospelos es su carácter intergeneracional. La novela pone en diálogo a jóvenes y mayores, recordándonos que no hay avance sin memoria. Escuchar a quienes abrieron camino es fundamental para entender dónde estamos y hacia dónde queremos ir.
Al mismo tiempo, ver a las nuevas generaciones vivir con mayor libertad se convierte en un consuelo para quienes crecieron en otros contextos. Descubrir que la sociedad avanza y evoluciona a pesar de que otros se empeñen en que no sea así. La historia se construye así como un espacio compartido, donde pasado y presente se reconocen mutuamente.
Un punto de encuentro inesperado
Finalmente, el autor confiesa que escribió esta historia intentando responder a una pregunta personal: ¿qué libro me hubiera gustado leer de adolescente para sentirme más seguro? Malospelos es la respuesta a esa ausencia de relatos y su triunfo reside en haber conectado con una audiencia que rompe todas las barreras de edad.
Quizá por eso ha conectado con lectoras y lectores de edades muy distintas. Una mujer de casi 90 años se ha declarado entusiasta de la historia. Otra, de más de 70, decidió empezarla de nuevo nada más terminarla. Asimismo, un lector de unos 50 años confesó que la novela le ayudó a mirar el mundo drag con menos prejuicio y más comprensión artística. Y una madre comparte cada noche un capítulo con su hija de 12 años antes de dormir.
Ahí reside el verdadero logro, en generar conversación, tender puentes y abrir espacios seguros dentro y fuera de las páginas. Por eso mismo, Malospelos no es solo una novela premiada ni un fenómeno editorial inesperado, sino que es una invitación a imaginar pueblos donde caben todas las identidades. Y, sobre todo, es la prueba de que nuestras historias, nazcan donde nazcan, merecen ser contadas, leídas y celebradas.







