Orlander pone en marcha el primer Camino de Santiago LGTBIQ+ con 50 personas de España, México y Estados Unidos

La iniciativa parte hoy sábado desde Sarría y propone una forma compartida de reconectar con la espiritualidad, la pertenencia y el bienestar emocional

Orlander pone en marcha el primer Camino de Santiago pensado y organizado para el colectivo LGTBIQ+ en España. La iniciativa arranca hoy sábado, 6 de junio, desde Sarría y reunirá a 50 personas procedentes de distintos puntos de España, México y Estados Unidos, que caminarán juntas hasta Santiago de Compostela.

El proyecto está impulsado por Orlander, la mayor comunidad española de bienestar emocional para hombres gais, y nace en un momento en el que muchas personas LGTBIQ+ adultas están volviendo a mirar hacia la espiritualidad desde una perspectiva propia, libre de dogmas y alejada de espacios donde históricamente no siempre se han sentido acogidas.

La salida coincide, además, con la visita del papa a España, un contexto que ha vuelto a situar la espiritualidad en la conversación pública. Frente a los grandes titulares, Orlander propone una experiencia íntima y colectiva: caminar, convivir y abrir un espacio de conversación entre personas que comparten preguntas, vivencias y una historia común de búsqueda de pertenencia.

Para muchas personas LGTBIQ+, la relación con lo espiritual ha estado marcada por el rechazo o la exclusión. Quienes crecieron en entornos religiosos que les señalaron por su orientación sexual o identidad aprendieron, en muchos casos, a mantenerse al margen de cualquier espacio vinculado a la fe o a la búsqueda interior. Con los años, esa distancia puede dejar sin atender una dimensión que también forma parte del bienestar personal.

“A muchos nos enseñaron de pequeños que aquello no era para nosotros, que la fe y lo espiritual pertenecían a quienes nos señalaban. Recuperar ese terreno de adultos, en nuestros propios términos, es una forma de dejar de pedir permiso”, afirma Fabri Orlandi, fundador de Orlander.

El Camino de Santiago, despojado de una lectura estrictamente dogmática, se convierte así en una herramienta de encuentro, introspección y reparación simbólica. Para Orlander, la experiencia no se plantea como un viaje turístico, sino como una propuesta vinculada a una de sus ocho áreas de bienestar: la espiritualidad, entendida sin etiquetas, sin doctrina y desde la libertad individual.

La iniciativa también conecta con una realidad persistente dentro del colectivo LGTBIQ+: la necesidad de construir vínculos profundos más allá de la socialización nocturna o de los espacios habituales de ocio. Caminar durante varios días, compartir cansancio, silencio y conversación, permite abrir otro tipo de relación entre los participantes.

“En el Camino no pasa nada llamativo: se camina, te cansas con otros y hablas de lo que no sueles hablar. Pertenecer es eso, estar acompañado en el esfuerzo sin tener que demostrar nada”, añade Orlandi.

El colectivo LGTBIQ+ ha arrastrado históricamente una herencia de exclusión en espacios considerados comunes, como la familia, el deporte o la religión. En el ámbito espiritual, esa exclusión ha sido especialmente silenciosa, porque pocas veces se nombra de forma directa. El Camino LGTBIQ+ de Orlander busca precisamente ocupar ese lugar desde la visibilidad, la comunidad y el derecho a vivir la espiritualidad en primera persona.

Orlander nació en 2018 de la mano de Fabri Orlandi y hoy supera las 1.500 personas atendidas. La comunidad acumula más de veinte ediciones del Retiro Orlander y ha ampliado su actividad con encuentros, retiros, el Club Orlander y, ahora, este primer Camino de Santiago LGTBIQ+ entre Sarría y Compostela.

Con esta propuesta, Orlander incorpora una nueva experiencia a su catálogo de bienestar emocional y comunitario. Más allá del viaje, el objetivo es generar un espacio donde las personas participantes puedan sentirse acompañadas, reconocidas y legitimadas también en su dimensión espiritual.

Cincuenta personas llegarán a Santiago de Compostela tras varios días de camino compartido. Para Orlander, el gesto tiene un valor simbólico claro: recordar que ese terreno, el de la espiritualidad, la búsqueda interior y la pertenencia, también pertenece a las personas LGTBIQ+.

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