Muxe, Two-Spirit, takatāpui, nádleehí, Sistergirl o Brotherboy forman parte de contextos culturales indígenas muy distintos entre sí. Sus significados hablan de género, sexualidad, comunidad, parentesco, espiritualidad y pertenencia, aunque cada término responde a una historia concreta. En el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, queremos recorrer algunas de estas realidades desde sus propios contextos.
Cada 9 de agosto, el Día Internacional de los Pueblos Indígenas recuerda la diversidad cultural, lingüística y social de unos pueblos que suman, según Naciones Unidas, alrededor de 476 millones de personas en cerca de 90 países. Dentro de esa enorme pluralidad también existen distintas formas de comprender el género, las relaciones afectivas, la sexualidad y la posición que una persona ocupa dentro de su comunidad. Algunas cuentan con términos propios que han despertado un creciente interés fuera de sus territorios, especialmente desde los movimientos LGTBIQ+.
Ese interés ha contribuido a dar visibilidad a experiencias históricamente ignoradas, aunque también ha generado simplificaciones. Conceptos contemporáneos como trans, gay, queer o no binario pueden resultar útiles para establecer ciertos paralelismos, pero no siempre describen con precisión categorías surgidas de otras lenguas y estructuras culturales. La antropología actual y numerosas organizaciones indígenas insisten, por ello, en estudiar cada identidad dentro de la sociedad a la que pertenece y en atender a las palabras que utilizan sus propios integrantes.
Tenemos que tener en cuenta que las sociedades indígenas han mantenido relaciones diferentes con el género y la sexualidad, tanto antes como después de la colonización. En algunos pueblos se conocen categorías sociales que se apartan de la división occidental entre hombres y mujeres; en otros casos, las fuentes históricas son escasas, proceden de observadores coloniales o requieren interpretaciones especialmente cuidadosas, a continuación repasamos algunos ejemplos.
Muxe: género y pertenencia zapoteca en el Istmo de Tehuantepec
En el Istmo de Tehuantepec, en Oaxaca, la identidad muxe está vinculada principalmente a comunidades binnizá o zapotecas y constituye uno de los ejemplos más conocidos de diversidad de género en América Latina. El término suele aplicarse a personas asignadas como hombres al nacer que ocupan posiciones sociales y expresan identidades de género que pueden alejarse de los modelos masculinos convencionales. Su significado, sin embargo, depende del entorno zapoteca en el que se desarrolla y abarca dimensiones familiares, sociales y culturales difíciles de trasladar íntegramente a categorías occidentales.
Las investigaciones etnográficas muestran además una considerable diversidad entre las propias personas muxes. Algunas presentan una expresión claramente femenina, mientras otras mantienen formas asociadas tradicionalmente a la masculinidad. Tampoco existe un modelo único en cuestiones relacionadas con la sexualidad, las relaciones sentimentales, la vestimenta, las profesiones o las responsabilidades familiares. Un estudio basado en trabajo de campo realizado en diferentes momentos entre 2004 y 2023, describe precisamente esa variedad y señala que el reconocimiento familiar y comunitario puede convivir con experiencias de discriminación relacionadas con el género.
Las voces procedentes de las propias comunidades ayudan a completar esa mirada. Cultural Survival ha documentado el trabajo del Colectivo Verbena Muxe, cuyos integrantes vinculan su identidad con la cultura zapoteca, la lengua, las festividades, las redes familiares y la vida cotidiana del Istmo. Sus testimonios también cuestionan una representación frecuente en medios y documentales internacionales: la imagen de Juchitán como un territorio completamente libre de prejuicios hacia las personas muxes.
El reconocimiento social que muchas de ellas encuentran dentro de sus familias y comunidades convive con machismo, discriminación laboral, homofobia, transfobia y otras formas de violencia. La investigación publicada por la Universidad Nacional Autónoma de México sobre las representaciones audiovisuales de las personas muxes entre 1994 y 2024 también señala cómo esta identidad se ha convertido en un motivo recurrente de documentales y producciones culturales. La difusión internacional ha contribuido a su visibilidad, al tiempo que ha favorecido relatos demasiado uniformes sobre una realidad mucho más compleja.
Two-Spirit: un término contemporáneo dentro de una larga diversidad cultural
En Estados Unidos y Canadá, la expresión Two-Spirit, traducida habitualmente como Dos Espíritus, comenzó a utilizarse en 1990 durante un encuentro de personas indígenas gais y lesbianas celebrado en Winnipeg. El Museo Nacional de los Indios Americanos, perteneciente al Smithsonian, sitúa en aquel encuentro la adopción del término como una herramienta panindígena que permitía hablar de sexualidad y género desde un marco cultural propio, dejando atrás expresiones creadas anteriormente por antropólogos y otros observadores externos.
Two-Spirit puede reunir dimensiones relacionadas con la identidad de género, la orientación sexual, la espiritualidad y determinadas funciones sociales o comunitarias. Su uso varía entre personas y naciones, y existen numerosos términos tradicionales que pertenecen específicamente a lenguas indígenas concretas. Algunas personas prefieren esos nombres; otras emplean Two-Spirit como identidad contemporánea o lo combinan con categorías como gay, lesbiana, bisexual, trans o queer.
La Autoridad Sanitaria de las Primeras Naciones de Canadá destaca precisamente esta diversidad de usos y recuerda que Two-Spirit pertenece a contextos indígenas. Organizaciones comunitarias como Edmonton 2 Spirit Society lo relacionan también con procesos de recuperación cultural y con la reconstrucción de espacios seguros para personas indígenas con sexualidades y géneros diversos. En ese sentido, su relevancia actual está relacionada tanto con la identidad individual como con los efectos históricos de la colonización sobre las comunidades indígenas.
La popularización internacional de la expresión ha producido, sin embargo, algunas confusiones. Two-Spirit engloba experiencias distintas según la persona y su nación de origen y tampoco sustituye a los conceptos específicos que existen en numerosos pueblos. Su aparición en 1990 refleja la creación contemporánea de un lenguaje común entre comunidades que ya contaban con historias y formas propias de comprender estas cuestiones.
Nádleehí y la dificultad de traducir otras concepciones del género
El pueblo Diné, conocido también como Navajo, permite observar con especial claridad los problemas que aparecen cuando una categoría cultural indígena se traduce directamente mediante conceptos occidentales. Dentro de la cultura Diné existe el término nádleehí, cuya interpretación ha generado un amplio debate antropológico.
La investigadora Carolyn Epple, en un estudio publicado en American Ethnologist, analizó las dificultades de describir nádleehí utilizando categorías como homosexualidad, género alternativo o Two-Spirit. Su trabajo señala que el concepto adquiere sentido dentro de una cosmovisión Diné en la que las relaciones entre lo masculino y lo femenino, las responsabilidades comunitarias y otros elementos de la identidad siguen lógicas propias.
La traducción literal o la búsqueda inmediata de equivalencias puede modificar el significado original. Cuando un concepto se extrae de su lengua y de su sistema cultural, aspectos vinculados al parentesco, la espiritualidad, el trabajo o la posición dentro de la comunidad pueden desaparecer del relato. La investigación de Epple se ha convertido precisamente en una referencia para advertir de los riesgos de interpretar estas identidades únicamente mediante el vocabulario desarrollado en las sociedades occidentales contemporáneas.
El caso nádleehí muestra también la diversidad que existe dentro de las propias poblaciones indígenas de América del Norte. Two-Spirit facilita hoy un espacio compartido para muchas personas, mientras que palabras vinculadas a naciones específicas continúan expresando realidades culturales que requieren una explicación propia.
Takatāpui: diversidad sexual y de género desde la identidad maorí
En Aotearoa Nueva Zelanda, el término maorí takatāpui ha adquirido una presencia creciente durante las últimas décadas. Fuentes históricas registran la palabra para describir relaciones íntimas entre personas del mismo sexo, mientras que su recuperación contemporánea ha ampliado el concepto para reunir distintas experiencias relacionadas con la sexualidad, el género y las características sexuales dentro de la comunidad maorí.
El Museo de Nueva Zelanda Te Papa Tongarewa utiliza takatāpui para referirse a personas maoríes con sexualidades y géneros diversos. Esta definición incorpora un elemento fundamental: la pertenencia cultural. La identidad maorí, el whakapapa (que comprende genealogía, ascendencia y vínculos familiares) y la relación con la comunidad forman parte del contexto desde el que se utiliza actualmente el término.
La investigadora y activista maorí Elizabeth Kerekere ha desempeñado un papel destacado en su recuperación contemporánea. En Takatāpui: Part of the Whānau, un recurso desarrollado junto a Tīwhanawhana Trust, se recogen distintas identidades y experiencias que pueden encontrar espacio bajo esta denominación, entre ellas whakawāhine, tangata ira tāne, lesbianas, gais, bisexuales, trans, intersexuales y queer maoríes. La amplitud del término permite precisamente que convivan diferentes experiencias sin desvincularlas de la identidad cultural.
Los estudios históricos recientes también han analizado el efecto que tuvo la colonización británica sobre las concepciones maoríes del género. Una investigación publicada en 2024 en MAI Journal por Maia Berryman-Kamp examina la introducción de modelos coloniales de masculinidad y feminidad y contrasta esas ideas con tradiciones orales y principios de tikanga, el conjunto de valores y prácticas culturales maoríes. En su investigación la autora subraya al mismo tiempo los límites de la documentación disponible y la necesidad de seguir investigando sin reconstruir el pasado a partir de suposiciones contemporáneas.
Sistergirls y Brotherboys en las comunidades indígenas australianas
En Australia, algunas personas aborígenes y de las islas del Estrecho de Torres utilizan los términos Sistergirl y Brotherboy para expresar identidades de género vinculadas también a su pertenencia cultural. La Comisión Australiana de Derechos Humanos reconoce estos términos dentro de sus recursos sobre diversidad sexual y de género y advierte de que su uso depende de cada persona y de su comunidad.
Sistergirl puede referirse, en determinados contextos, a personas indígenas asignadas como hombres al nacer que viven de acuerdo con roles femeninos y se reconocen como mujeres o dentro de expresiones femeninas. Brotherboy puede utilizarse para personas indígenas cuya identidad y posición social se relacionan con lo masculino. Las propias instituciones australianas evitan presentar estas palabras como categorías aplicables automáticamente a todas las personas indígenas trans o de género diverso.
El investigador Stephen Craig Kerry ha estudiado el desarrollo y el uso de estos términos y las experiencias de quienes los utilizan. Su trabajo muestra cómo la dimensión cultural influye profundamente en la identidad y cómo algunas Sistergirls y Brotherboys pueden experimentar formas de discriminación que se superponen. El racismo puede estar presente en determinados espacios LGTBIQ+, mientras que la transfobia o el rechazo de la diversidad sexual y de género pueden aparecer en otros ámbitos sociales y comunitarios.
Estas experiencias permiten comprender por qué resulta insuficiente analizar el género por separado de factores como el origen étnico, la cultura, el territorio o las relaciones comunitarias. Para muchas personas indígenas, esas dimensiones forman parte de una misma experiencia vital.
El impacto de la colonización sobre el género y la sexualidad
Los procesos coloniales transformaron profundamente las estructuras políticas, familiares, religiosas y sociales de numerosos pueblos indígenas. Las misiones cristianas, los sistemas educativos de asimilación, las legislaciones coloniales y las políticas estatales introdujeron modelos europeos sobre el matrimonio, la familia, la sexualidad y los comportamientos considerados adecuados para hombres y mujeres.
La intensidad y las consecuencias de esas transformaciones variaron enormemente entre territorios. En algunos pueblos existen registros históricos de persecución de prácticas sexuales o expresiones de género que no coincidían con la moral europea. En otros, la documentación procede principalmente de misioneros, funcionarios o antropólogos cuyos textos reflejan también sus propios prejuicios y categorías culturales.
Esta circunstancia exige precaución cuando se reconstruyen las experiencias anteriores a la colonización. Las fuentes permiten documentar la existencia de distintas concepciones del género y la sexualidad en determinadas sociedades, pero difícilmente sostienen la idea de una actitud común entre todos los pueblos indígenas. Cada comunidad cuenta con una trayectoria histórica específica y con procesos contemporáneos distintos de recuperación, reinterpretación o transformación cultural.
Buena parte del activismo indígena actual relacionado con la diversidad sexual y de género se desarrolla precisamente en ese terreno. Organizaciones Two-Spirit de América del Norte, colectivos muxes de Oaxaca o iniciativas takatāpui en Aotearoa trabajan sobre identidades contemporáneas mientras recuperan lenguas, memorias, conocimientos y formas de pertenencia afectadas por décadas o siglos de políticas coloniales.
Cuando las categorías LGTBIQ+ cruzan fronteras culturales
Las siglas LGTBIQ+ han permitido articular movimientos sociales, reclamar derechos y dar nombre a experiencias que durante mucho tiempo permanecieron ocultas o perseguidas. Su expansión internacional ha hecho posible compartir luchas y construir redes de solidaridad, aunque su aplicación a otras culturas plantea preguntas sobre los límites de las categorías que utilizamos.
Una persona muxe puede identificarse también como trans, gay o queer. Una persona maorí puede reconocerse como takatāpui y utilizar igualmente alguna de las identidades incluidas en las siglas LGTBIQ+. Lo mismo ocurre con personas Two-Spirit, Sistergirls, Brotherboys o integrantes de otras comunidades indígenas. Las formas de nombrarse pueden coexistir, superponerse o cambiar a lo largo de la vida.
La precisión resulta clave cuando quienes describen estas experiencias pertenecen a otros contextos culturales. Presentar muxe como una traducción directa de trans o takatāpui como equivalente exacto de queer reduce términos que contienen dimensiones históricas, familiares y comunitarias propias. Algo similar sucede cuando Two-Spirit se utiliza como una etiqueta general para cualquier persona indígena LGTBIQ+, pese a que numerosas personas y naciones recurren a otras denominaciones.
En este ámbito, escuchar cómo se definen las propias personas constituye una herramienta periodística tan importante como consultar la bibliografía académica. Las organizaciones indígenas y los investigadores pertenecientes a estas comunidades han reclamado durante años mayor participación en la producción de conocimiento sobre sus identidades y sus culturas.
El derecho a nombrarse desde la propia cultura
La Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, aprobada por la Asamblea General en 2007, reconoce el derecho de estos pueblos a mantener y fortalecer sus instituciones, culturas, tradiciones y formas de organización. También recoge principios vinculados a la identidad y a la capacidad de determinar la pertenencia a una comunidad de acuerdo con sus costumbres.
Ese marco adquiere una dimensión concreta cuando se habla de sexualidad y género. Las palabras utilizadas por una sociedad contienen memoria, relaciones familiares, ideas sobre el cuerpo, responsabilidades comunitarias y formas de comprender el mundo. Preservarlas también forma parte de la conservación de una cultura.
Muxe, nádleehí, takatāpui, Two-Spirit, Sistergirl y Brotherboy proceden de contextos diferentes y han seguido trayectorias históricas distintas. Algunas palabras cuentan con una larga presencia en sus respectivas lenguas; otras surgieron o adquirieron nuevos significados en épocas recientes. Todas muestran que las experiencias humanas relacionadas con el género y la sexualidad han sido mucho más diversas de lo que permiten explicar unas pocas categorías universales.
En el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, acercarse a estas identidades ofrece también una oportunidad para revisar la forma en la que contamos la diversidad. Las sociedades indígenas han sido descritas durante siglos desde miradas externas, primero coloniales y posteriormente académicas o mediáticas. Hoy existen cada vez más investigaciones, organizaciones y proyectos culturales impulsados por las propias comunidades.
Dar espacio a esas voces permite construir un relato más preciso. También recuerda que la diversidad sexual y de género tiene muchas lenguas, muchas historias y muchas formas de nombrarse.







